miércoles, 17 de octubre de 2007

El tamaño importa

De momento sólo le encuentro ventajas de vivir en un país a escala 2:1. La razón es básicamente que todo está proporcionado. Proporcionado a lo grande, con lo que uno disfruta más de las cosas que le gusten. Los coches son grandes, pero las calles también; las camas son inmensas, pero las casas son grandísimas; el zumo y la leche se vende a galones, las promociones son para cuando compras 8, 10 paquetes, pero hay que hacer pesas para abrir el frigorífico, el microondas. Joder, en el puto horno cabría un cerdo de 600 libras. La gente pide "boxes" para llevarse lo que no es capaz de jalar -me refiero a los españoles, claro; aunque a mi no me ha pasado ni es previsible que me pase-.


El refill es otro gran invento al que estoy contribuyendo a erradicar. El otro día me pedi una limonada. Estaba jodidamente buena, algo de lo que uno fanático -y experto a la vez, modestia aparte- debe disfrutar. La amiga pasaba y cada cinco minutos veía el vaso -grande, por supuesto- vacío y nada, refill que te refill. Las consecuencias inmediatas fueron que me retiré al excusado creo que dos veces, y dos, que tengo vitamina C hasta que me jubile. La pobre se esperaba una propina acorde a los servicios prestados, y nosotros los muy cabrones vamos ajustandonos al 15% y con ello a los límites de lo cortés.

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